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“La luz es fundamental para nuestro modo de vida”

“La luz es fundamental para nuestro modo de vida”

Manu y Carlos, creadores de La Almunya del Sur, viven rodeados de 2.500 metros cuadrados de vida. Agua, insectos, aves y más de 1.500 variedades de plantas son los causantes de que alrededor de 6.000 visitantes anuales se adentren en el proyecto que les ocupa desde el año 2000. 

 

Como si de un oasis en el desierto se tratase, el jardín botánico de La Almunya del Sur simula lo que esta construcción era en los tiempos de Al-Andalus: una casa a las afueras de la ciudad con huerto frondoso. Sobre los cimientos de una antigua villa andalusí, el ‘trozo de mundo’ de Manu y Carlos es un tesoro histórico convertido en proyecto. Fue en el año 2000 cuando Carlos se decidió a dar el salto, y desde entonces las más de 1.500 variedades de plantas traídas de todo el mundo han crecido a base de tiempo y paciencia. Durante estos diecinueve años, el objetivo siempre ha sido el mismo: cultivar la sensibilidad hacia las plantas, agentes que, en palabras de sus cuidadores, “te dan algo tan esencial como el aire que respiramos”. 

Sus fundadores lo tenían claro desde el principio: el jardín sería un espacio para indagar y descubrir, por lo que se olvidaron de carteles e indicaciones.  Una red de senderos hacen de la visita una aventura sin precedentes en la provincia almeriense, donde el agua y la luz juegan un papel fundamental. Gracias a la distribución de las plantas y al uso eficiente de los recursos, en el vergel se ha creado un microclima propio que sitúa las temperaturas hasta seis grados por debajo de la exterior. 

Definido por muchos como “un pequeño recorrido de botánica a nivel mundial”, La Almunya del Sur no deja fuera de su proyecto a nadie. Los insectos son inquilinos habituales de su jardín y “tienen refugio mientras quieran”. Este pequeño reservorio natural tienen en cuenta que la diversidad de especies animales se incrementará con el aumento de las vegetales, aunque para Manu y Carlos esto no es ningún problema. “Fomentar la biodiversidad es una tarea diaria. No es más importante una planta que un insecto, todo está relacionado”, señala Manu. De igual manera acogen a las aves, agentes esenciales para el control de plagas. 

El motor de su emprendimiento, además de su amor a las especies vegetales, es fomentar la observación en el espectador y cultivar la paciencia, elemento que hoy parece escasear. Estas metas la han trasladado a su proyecto, y actualmente tienen una labor didáctica esencial. Organizar actividades escolares forma parte de su día a día, y en ellas aprovechan para dejar huella de su contribución al medio ambiente. 

 

¿Cómo hacer un uso responsable de los recursos dentro de un jardín botánico?

 

En La Almunya del Sur llevan a cabo el sistema de residuos cero. Todo lo que sale de la tierra se reutiliza, de manera que la basura se reduce al mínimo. Aquí nada se tira. El mobiliario está fabricado com materiales reciclados con el objetivo de aprovechar lo que ya tienen. Aseguran que es tan importante no ser consumidores compulsivos como saber asociar las plantas y ubicarlas. Llevar a cabo un mantenimiento acorde al período de crecimiento de la planta supone un ahorro de los recursos hídricos, objetivo que se consigue con el sistema de acuaponía instalado. Esto supone el cultivo de plantas combinado con el cuidado de peces. Capaces de convertir los nitritos en nitratos, los deshechos de los peces se han convertido en abono para la pared vegetal que ya crece en el corazón del jardín. 

Repleto de bombillas de bajo consumo y bombas programadas, el reto más inmediato de Manu y Carlos en lo que a eficiencia se refiere es la instalación de cubiertas verdes en los edificios colindantes al ‘edén’. Esta medida va encaminada a mejorar su climatización, servir como sustrato de cultivo, actuar como barrera acústica y filtrar contaminantes del aire. Gestionar la luz y hacer un buen uso de la electricidad son tareas prioritarias, ya que tal y como ellos afirman, “la luz es fundamental para nuestro modo de vida”. 

Manu y Carlos, que reconocen que “conseguir las especies fue lo más divertido, pero mantenerlas es lo más duro”, admiten que su recompensa es mucho mayor de lo que nunca habían podido imaginar. Aseguran que la energía de los visitantes es distinta cuando el recorrido termina. Su amor por las plantas es el motor de su emprendimiento, el mismo que les hace educar a través de ellas, y eso ha sido más que suficiente para inaugurar la nueva sección de este blog. 

Desde Ecoeq Energética solo podemos darles las gracias por ser inspiración y ejemplo de emprendimiento sostenible.